lunes, 17 de diciembre de 2012

El cambio de embajadores en EEUU, según Clarín

Tras una pelea con Moreno, sacan al embajador en EE.UU.

Por Natasha Niebieskikwiat (Clarín)

La Presidenta corrió de Washington a Jorge Argüello y lo reemplazó por Cecilia Nahón, una joven economista que reporta al viceministro de Economía, Axel Kicillof, y que se apoyó en La Cámpora.

Quiebre. El canciller Héctor Timerman llamó ayer a Jorge Argüello para decirle que dejaba Washington. /EFE
18/12/12
Hay una máxima kirchnerista que suele cumplirse: el que saca no pone . Y así pasó en las últimas horas, donde bastó la ira del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, contra el embajador argentino ante los Estados Unidos, Jorge Argüello, para que la Presidenta Cristina Kirchner volara de un plumazo a un dirigente con raíces peronistas. Fueron dos las giras que hizo Moreno a Washington. En ninguna le avisó a Argüello de su llegada. Ya en la primera, llevó consigo a quien fue oficializada ayer como nueva embajadora ante los Estados Unidos: la economista Cecilia Nahón , Secretaria de Relaciones Económicas Internacionales, protegida del poderoso viceministro de Economía, Axel Kicillof, que rivaliza con Moreno.
Al mismo tiempo, la salida del embajador descomprime la situación interna del propio Héctor Timerman, en tensión con Argüello y Nahón. La nueva representante en Washington es una economista “catalogada de “inteligente y trabajadora”, aunque quienes la han tratado aseguran que la opaca el vicio de la soberbia, el maltrato, y un profundo desprecio por la prensa crítica, que le brotó con su entrada al Gobierno. Tiene dos años de experiencia en la diplomacia, y hasta hace muy poco negaba su pertenencia a La Cámpora, aunque mantiene vínculos con sus dirigentes. Con ella, son dos las mujeres al frente de las dos principales puestos políticos en Estados Unidos. La otra es María Cristina “Marita” Perceval, en la misión ante la ONU. La llegada de Nahón a Washington reforzará el perfil económico de la sede, pero ello no le garantizará una buena relación con los experimentados hombres del ministro de Economía, Hernán Lorenzino, hoy en la representación argentina ante los organismos financieros.
Ya el viernes pasado , la Cancillería era un hervidero por los nombramientos de embajadores que se venían -se anunciaron diez- pero nadie imaginaba cuál encabezaría el comunicado de prensa de la Cancillería de ayer. Este empezaba por el de Nahón en Washington y el desplazamiento de Argüello a Portugal.
Argüello habló sólo con sus amigos, a los que confesó haberse enterado de su desplazamiento a Portugal -que aceptó- a través de un cable de la Cancillería y con un llamado del canciller. Un funcionario bajo estricto “off the record” apuntó que en la Casa Rosada le achacaron a él una supuesta “distracción” ante el fallo adverso para la Argentina ante los fondos especulativos del juez Thomas Griesa. Y también el creciente déficit comercial con Estados Unidos.
Su pelea con Moreno fue el fin de Argüello en Washington, pero este diario vio hace meses el quiebre de su relación con Cristina, a quien conoció cuando vivía el ex presidente Néstor Kirchner de la mano del ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quien de la Cámara de Diputados lo llevó a la jefatura de la misión argentina ante las Naciones Unidas. En noviembre de 2011 fue nombrado al frente de la Embajada en Washington, donde cometió uno de los pecados que el núcleo duro del kirchnerismo no perdona: atendía a todos los sectores y de manera amable.
Sus enemigos afirman que juntó “demasiada masa crítica” para ser canciller. Esto le valió una interna con Timerman, sobre todo por su juego suelto durante el tiempo que el Gobierno seguía sin colocar a jefes en organismos clave que funcionan en EE.UU. Allí Argüello hacía su propio juego diplomático. Una vez, Timerman hasta le recriminó duramente que hablara con el ex presidente Eduardo Duhalde. Los ultrakirchneristas afirman que lo escucharon hacer críticas indirectas al Gobierno ante empresarios, que luego se las transmitían a Moreno y al Gobierno. Argüello siempre mantuvo excelentes modales, pero ya se lo vio con poco poder durante el viaje que hizo la mandataria a la Asamblea General de la ONU en setiembre último. No lo dejaron participar de la negociación con Irán, tampoco del armado de las ponencias de Cristina en la Universidad de Georgetown, ni la de Harvard, que fue un escándalo para la presidenta por su estridente enfrentamiento con los alumnos por sus preguntas.

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