jueves, 29 de marzo de 2012

La economía en la Cumbre de las Américas

 

La economía en la Cumbre de las Américas


Leandro Morgenfeld 
El Cronista Comercial
El 14 y 15 de abril se reunirán en Cartagena todos los mandatarios americanos, menos el de Cuba. Allí habrá destacados temas en debate (drogas, bloqueo económico y exclusión de Cuba, seguridad, integración tecnológica, Malvinas). Sin embargo, por detrás de todas las discusiones emergerá la compleja agenda económica interamericana.
La primera cumbre se realizó en Miami en 1994, como instancia para negociar e implementar el ALCA. Hoy, si bien ya no se discute un tratado de libre comercio de tal envergadura (quedó sepultado tras la Cumbre de Mar del Plata, en 2005), los debates económicos estarán a la orden del día. Estados Unidos, en la primera década del siglo XXI, fue perdiendo presencia comercial en la región a manos de China (el gigante asiático absorberá el 20% de las exportaciones latinoamericanas al final de esta década, según la CEPAL). También perdió peso como prestamista (China desplazó a Wall Street), aunque continúa siendo el principal inversor (responsable del 38% de las inversiones extranjeras totales en América Latina).
La crisis económica en Estados Unidos obliga a la administración Obama a impulsar medidas para morigerar el creciente déficit de su comercio exterior. Uno de los objetivos de la Casa Blanca, destacado en su última gira sudamericana (marzo de 2011), es aumentar las exportaciones hacia el sur del continente. El problema de Estados Unidos es que para ello debe ofrecer contra-partes (acceso al mercado estadounidense) y existe una importante oposición interna a facilitar el ingreso de importaciones en un contexto de crisis económica y alto desempleo. La administración Obama, en consecuencia, debe transitar por un delicado equilibrio entre las necesidades de los industriales de colocar sus mercancías en el exterior, los objetivos estratégicos esbozadas por el Departamento de Estado y el Pentágono (requieren ofrecer concesiones económicas a los países latinoamericanos), y las de los sectores que bloquean la apertura del mercado estadounidense a las exportaciones latinoamericanas.
Argentina es un claro ejemplo de estas tensiones. La Casa Blanca, que retrocedió en su influencia regional, intenta hace meses reconstruir el vínculo bilateral, pero choca con las pretensiones argentinas de disminuir un déficit comercial que en 2011 superó los 4000 millones de dólares. La embajada argentina en Washington realiza intensas gestiones para derribar las barreras para-arancelarias (carne y limones son dos objetivos inmediatos), pero, como ocurrió históricamente, debe enfrentar las presiones de los productores agropecuarios estadounidenses. Además, las presiones de empresas que ganaron juicios ante el CIADI y fondos buitres complica más el panorama. El lunes 26 Obama retiró a Argentina del Sistema General de Preferencias, complicando exportaciones argentinas por 477 millones de dólares (la suba de aranceles generará un perjuicio de entre 18 y 24 millones de dólares).
En forma paralela a la reunión de jefes y jefas de Estados, se reunirá en Cartagena la Cumbre Empresarial de las Américas, organizada por el sector privado colombiano, con el auspicio del BID. Diversos jefes de Estado, incluyendo a Obama, discutirán en el Hotel Hilton con directivos de 200 de las mayores empresas de la región (cuya producción representa la cuarta parte del PBI americano). De Estados Unidos, asistirán el presidente de Walmart, Michael Duke; de Pepsico, Indra Nooyi; de General Electric, Jeffrey Immelt; y el CEO de General Motors, Daniel Akersson, entre otros.
En los últimos años, América Latina creció a tasas superiores a las de Estados Unidos, Europa y Japón. En ese marco, es oportuno plantear una integración económica regional por fuera de las exigencias de Washington. La Casa Blanca, por su parte, intentará revertir el malhumor regional, sin conceder casi nada en materia económica. Apuesta por revitalizar el eje Asia-Pacífico, con algunos países de la región (Chile, Colombia, Costa Rica, Panamá y México). Y tratará de moderar el perfil de potencial confrontación de Argentina y Brasil. Es menester aprender de las lecciones históricas, evitar las fisuras en el bloque regional (consolidado alrededor de la UNASUR y la CELAC) y proponer políticas conjuntas, sin la clásica subordinación a las políticas económicas emanadas de Washington y Wall Street. 

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